¿Valiente o actor?

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¿Cómo madura un escritor?

Es algo que me pregunté muchas veces.

¿Quién nos sazona? ¿O qué? ¿Lo logramos alguna vez?

¿Es la vida misma, el pasar de los años o lo vivido?

Supongo que habrá de todo y para todos. Algunos sufren y aprenden lecciones de vida a base de latigazos. Es una forma de curtirse. Otros viajan mucho y aprenden a ser empáticos, humildes y sabios. Es otra manera de crecer. Los terceros buscan la paz, y el recorrido hacia el encontrarla es tan repleto de batallas que se ven obligados a aprender a disfrutar del camino para no morir en el intento. Y habrá cuartos y quintos, y sinfín…

¿Alguna de esas retorcidas sendas es más efectiva que la otra?

Creo que una vida humana es demasiado corta para averiguarlo… Lo que sí intuyo, es que ninguna de ellas es fácil. Nada es fácil… Y si escribes, estoy segura de que lo sientes. Hay demasiadas preguntas, pero una sola mente; hay demasiados gustos, y tú solo eres un@; hay demasiadas luchas, y tú, poseedor de un solo arma: tú escribir. ¿Cómo te enfrentas a todo? Al fin y al cabo, cuando escribes estás solo… o, peor aún, necesitas estarlo para sacar de dentro todo eso que lleva inquietando tu mente, ocupando tu disco duro y memoria RAM.

¿Es salvo hacerlo a solas? ¿Es sano?

Dicen que los escritores son gente rara, muchas veces incomprendida; individuos gustosos de ponerse una máscara que cambie la cara que ven los demás, pero que no es la misma que la que llevan dentro, muy adentro; raramente encuentran a alguien al lado de quien pueden ser ellos mismos, con sus rarezas, quimeras, pesadillas o locuras; y cuanto más lejos esté el texto que dan a luz de lo que en verdad son, más fácil les resulta engalanarlo de acicaladuras (hipérbole intencionada), comparaciones sintéticas y palabras de relleno. Pero dicen que hacerlo no los libera… Porque a la hora de la verdad, cuando de veras quieren aliviar el peso, el peso pesado, y con ello se hace referencia a compartir de verdad, no a qué clase de café te has tomado por la mañana, ni las cucharadas de azúcar que le echaste, ni si este último era blanco o moreno; se apunta hacia abajo y hacia dentro, allí, justo en el centro del pecho; y allí, arriba, justo entre ceja y ceja, a unos seis centímetros de profundidad…

¿Qué hay de eso? ¿Te atreves a dejar ver lo que vive allí? ¿Eres lo bastante valiente para hacerlo? ¿Podrás permanecer de pie cuando todo ese torrente de palabrería, desacuerdo y juzgar a la ligera intente asolarte y derrumbarte como a una pieza que no encaja en el dominó de su visión?

Un escritor nunca se avergüenza de llamar las cosas por su nombre. Cuando te dé igual todo eso y de tus dedos bailando con el teclado, la pluma o el bolígrafo salga toda esa “cosa”, fresca como el rocío, negra como el alquitrán, amarga como la hiel, artificial como un maquillaje, desagradable e hiriente como una gran verdad que no quieres saber… Entonces, y solo entonces y tal vez, hayas madurado lo suficiente como para que otras gentes, que no sean de tu vecindario, aprecien al escritor que hay en ti…

Nobody said it would be easy, my friend.

¿Eres un escritor-actor o uno valiente?

Hasta la próxima

 

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